Cómo elegir la bombilla adecuada

Vicente Vernia, en colaboración con Oppidumenergía

Desde la Fundación f2e y Oppidumenergía, aportamos algunos consejos sobre qué factores son importantes a la hora de sustituir nuestras bombillas.

Anteriormente, cuando sólo disponíamos en el hogar de bombillas incandescentes, conocer el tipo de casquillo y la potencia de la bombilla a sustituir (los vatios) podía ser información suficiente para elegir una nueva bombilla. Sin embargo, con la aparición de las bombillas de bajo consumo primero y posteriormente las LED, esta tarea se ha complicado de tal forma que puede convertirse en toda una aventura si no sabemos qué debemos tener en cuenta.

Primera cuestión, ¿me conviene cambiar a LED?

Pues bien, depende. Si estamos utilizando todavía bombillas incandescentes es muy posible que no encontremos repuestos iguales, ya que desde septiembre de 2012 no se comercializan en Europa salvo restos de stock. Si todavía nos queda algún ejemplar guardado en un cajón podemos utilizarlo para trasteros o lugares que no utilicemos con frecuencia, ya que para habitaciones de uso diario las bombillas de bajo consumo o las LED son mucho más eficientes y el ahorro empieza a ser considerable.

En el caso de bombillas de bajo consumo, estas son mucho más eficientes que las incandescentes aunque no tanto como las LED. Si tenemos repuestos podemos seguir gastándolos, pero en caso de tener que comprar nuevas deberíamos valorar el uso que le vamos a dar y qué nos compensa, aunque la recomendación sería optar por LED directamente.

Los focos halógenos direccionales también dejaron de fabricarse en 2016 y en 2018 le llega el turno al resto de bombillas de esta tecnología, quedando únicamente algunos modelos para usos o aplicaciones concretas.

Características principales en las que fijarnos para elegir una bombilla

El tipo de casquillo

Es un factor obvio pero importante, ya que si elegimos una bombilla con un casquillo equivocado ésta no encajará. Dentro de los tipos de casquillo más comunes en el hogar podemos encontrar  las típicas “rosca gruesa” y “rosca fina” (E27 y E14 respectivamente), los conectores de los focos halógenos (GU10 y GZ10) o la serie G24, empleada especialmente en cocinas y lugares similares.

Algunos casquillos, como los G24, pueden ir acompañados de una letra minúscula que indica el número de contactos. Así pues, un casquillo G24d por ejemplo tiene 2 contactos (dos “pinchitos” metálicos), mientras que una G24q tiene 4 contactos. Como curiosidad, añadir que la primera letra hace referencia al tipo de rosca/conexión y los números indican el diámetro.

También hay que prestar atención a las medidas de la bombilla, ya que una bombilla con un mismo casquillo puede venir con formas diferentes que es posible que no encajen en nuestra lámpara.

Flujo luminoso y potencia: lúmenes y vatios

Si queremos una medida objetiva de cuánta luz produce una bombilla deberíamos fijarnos en el valor del flujo luminoso, que normalmente viene en lúmenes (lm). Este valor nos permite también comparar bombillas, ya que dos incandescentes de 60W de distinto fabricante no tienen por qué dar la misma cantidad de luz. Del mismo modo, nos podemos encontrar bombillas incandescentes de 60W que emitan la misma luz que bombillas LED de tan solo 10W.

Los vatios (W), es decir, la potencia, nos indican la cantidad de energía que consume la bombilla en un instante de tiempo. Es fácil observar que cuanto mayor sea la potencia, más caro nos resultará mantener esa luz encendida.

Con esto queda claro por qué es mejor fijarnos en los lúmenes pero, ¿qué valor de flujo luminoso es adecuado para una habitación concreta?, ¿cuántos lúmenes necesito? Pues bien, resulta que en la práctica podemos saber que con las bombillas antiguas nos haría falta una de 75 W por ejemplo, pero no sabemos cuántos lúmenes necesitamos ni a cuantos vatios LED equivale aproximadamente. Para ello, es muy útil consultar tablas de equivalencia como la siguiente y acostumbrarnos a hablar de lúmenes:

La temperatura de color

En función del espacio a iluminar (un despacho, una cocina, una habitación, etc) deberemos optar por un color de luz más estimulante o más acogedor.

La temperatura de color se mide en Kelvin, y aunque también influyen los gustos personales, lo normal es que en hogares nos encontremos con temperaturas de color de alrededor de 3000 K en habitaciones y estancias donde busquemos un ambiente acogedor (blanco cálido) y temperaturas de color sobre los 4000 K (blanco neutro) en cocinas, salas de estudio o trabajo, etc.

Por debajo de 3000 K encontraremos luces más cálidas llegando a la luz amarillenta, mientras que por encima de 4000 K nos estaremos desplazando hacia luces más blancas o azuladas.

Otras características útiles

Aunque el tipo de casquillo, la potencia y la temperatura de luz son las características más relevantes, hay otros aspectos que pueden llegar a ser importantes para acertar en la elección de la bombilla.

Dimensiones de la bombilla

Es algo que ya se ha mencionado antes pero que en función del tipo de lámpara nos puede evitar algún problema. Es importante ver que la bombilla, pese a tener el casquillo adecuado, encajará dentro de nuestra lámpara, ya que podemos encontrar bombillas similares en formato “globo” y en formato “vela”, por ejemplo.

Ángulo o grado de apertura

Podemos encontrar bombillas con distintos grados de apertura en función de si queremos iluminar una zona muy focalizada o queremos que la luz abarque la mayor cantidad de superficie posible. Lo habitual es utilizar ángulos amplios en hogares, aunque para ciertos usos decorativos, o para iluminar superficies de trabajo, las luces con bajo grado de apertura también nos pueden resultar útiles.

Vida útil y ciclos de encendido

Otra información que podemos encontrar es la vida útil y los ciclos de encendido/apagado de la bombilla.

La primera hace referencia a la duración estimada de la bombilla en horas.  En este aspecto las bombillas LED son las ganadoras, ya que su duración estimada suele ser mayor a las 20.000 o 25.000 horas frente a las 1.000 o 2.000 horas de las bombillas incandescentes y a las 10.000 15.000 de las bombillas de bajo consumo.

Los ciclos de encendido/apagado hacen referencia al número de veces que podremos encender/apagar una bombilla antes de que comience a fallar.

Tiempo de encendido

Aunque las bombillas LED son instantáneas, algunas bombillas (especialmente las de bajo consumo) tardan unos segundos en alcanzar toda su luminosidad.

Regulable

Si nuestra lámpara dispone de algún sistema de regulación para obtener más o menos luz deberemos prestar atención a esta característica, ya que no todas las bombillas son regulables.

Índice de reproducción cromática

El IRC es una medida de la capacidad de la fuente de luz para mostrar o reproducir los colores de un modo fiable. Se compara con la luz natural y toma valores de 0 a 100, de forma que cuanto más alto es este valor, mejor representación de los colores obtenemos.

Haciendo números

Pese a que ya habremos oído que las bombillas LED son más eficientes, la forma más práctica de saber si realmente compensa el ahorro es haciendo algunos números.

La siguiente tabla muestra el coste anual de mantener una bombilla encendida durante 3 h al día, con un coste del kWh de 0,12 €:

Tomando por ejemplo el caso de las bombillas de 1100 lm vemos que el ahorro conseguido al pasar de una bombilla incandescente de 75 W a una LED de 11,5 W es considerable, ya que pasamos de gastar 9,86 € a tan solo 1,51 €, es decir, un ahorro de 8,35 € con una sola bombilla.

Volviendo a la cuestión de si nos compensa cambiar las bombillas incandescentes, y dejando de lado algunos factores importantes como la vida útil (superior en LED y bajo consumo), podemos afirmar que sí, que nos compensa cambiar las incandescentes que todavía tengamos en uso por bombillas LED (o de bajo consumo si las tenemos por casa). El ahorro conseguido será suficiente para amortizar el gasto de la bombilla nueva y de la que retiremos, y a partir de ahí notaremos el ahorro a final de año.

En el caso de las bombillas de bajo consumo el ahorro de cambiar a LED es bastante menor, por lo que si cambiamos una de estas bombillas que todavía funciona por una LED es posible que nos lleve varios años amortizar el coste de las dos. A la vista de esto, la recomendación sería esperar a agotar la vida de la bombilla de bajo consumo.

Finalmente, y como curiosidad, podemos ver el coste anual de bombillas de 1100 lm para distintos usos diarios:


 

 


 

 

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