El futuro de los ciclos combinados, en manos de Europa

Tras la aprobación de las directivas de Renovables, Eficiencia y Gobernanza, la UE se ha centrado ahora en el próximo gran debate energético, la directiva de Mercado. En dicha directiva, cogen un papel protagonista las centrales térmicas, tanto de carbón como de gas. Será aquí dónde se decida el futuro de los ciclos combinados, a través de los mecanismos de capacidad.

La Comisión Europea quiere cortar el grifo a los mecanismos de capacidad. En España son conocidos en el mercado como pagos por capacidad, aunque en Europa también entraría dentro el sistema de interrumpibilidad eléctrica de la gran industria. Bruselas apuesta por mecanismos que no desvirtuen el mercado y por ello inició una investigación a todos los niveles para ver si se estaban dando más ayudas de las debidas y se estaban dando señales negativas al mercado.

En dicha investigación, España salió mal parada. Debía disminuir el dinero destinado, sobre todo a los ciclos combinados. Recientemente, el pasado 30 de junio, España ha dejado de pagar a los ciclos una parte de las ayudas que percibía como pagos por capacidad. En concreto, la partida de pagos por disponibilidad.

Las eléctricas aseguran que sin estos pagos muchas plantas tendrán problemas financieros para mantenerse activas y por tanto se verán abocadas al cierre. Exigen al nuevo Gobierno de Pedro Sánchez que les dé una prórroga de al menos otros seis meses hasta final de año y ver durante este tiempo lo que se podría hacer para años venideros.

Pero realmente quien tiene la sartén por el mango es la Unión Europea. Tanto la Comisión Europea como el Parlamento quieren poner un límite de emisiones para percibir estos pagos por capacidad. Ese límite se encuentra en los 550 gr CO2/kWh. Es decir, que las centrales térmicas de carbón no entrarían y dejarían de tener mecanismos de capacidad. Tampoco buena parte de ciclos combinados antiguos que se construyeron a cielo abierto.

Pero la mayoría de los ciclos, como es el caso de España, sí los podrían percibir. Es la guerra conocida en Europa entre el gas y el carbón. Las empresas que luchan por mantener el carbón antes que dedicarse a invertir en nuevas plantas de ciclos combinados o las compañías que quieren, como en el caso de España, poner de verdad a producir los ciclos combinados, que en los últimos años ha sido bajísima, entre el 10% y el 15% de su disponibilidad.

Pero Bruselas tiene un problema. Muchos países ya tienen formalizados esos pagos, incluso algunos en forma de mercado como es el caso de Francia. La Comisión teme que con ello se formen más mercados de capacidad nacionales y se pierda la oportunidad de pensar a lo grande y crear un único mercado de capacidad europeo.

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Saber si una central necesita ayudas dependería también de las necesidades eléctricas de los países vecinos. “Francia no actúa sola”, dijo Oliver Koch, jefe de unidad en la Dirección General de Energía de la Comisión Europea, en un evento organizado por Euractiv. “El sistema de [Francia] está altamente integrado en una red europea con muchas interconexiones”, subrayó Koch.

Para aceptar los mecanismos de capacidad, la Comisión exige que estén abiertos a otros Estados miembros, que deben poder participar.

“De acuerdo con las directrices europeas, cada vez más estados están integrando la posibilidad de la cooperación transfronteriza en sus mecanismos de capacidad”, dijo Colas Chabanne, Director de Sistemas Eléctricos de RTE, operador de la red eléctrica de Francia.

“Este es un paso hacia la construcción de un sector eléctrico europeo: primeros mecanismos nacionales de capacidad, con la cooperación transfronteriza que abre el camino para una europeización gradual del sistema”, dijo Chabanne.

Sin embargo, hay escepticismo sobre esta “europeización” porque el objetivo de los mecanismos de capacidad -la seguridad del suministro de electricidad- sigue siendo una prerrogativa de los Estados miembros.

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“Cada Estado miembro es responsable de su suministro”, dijo Maciej Burny, secretario general de la Asociación Polaca de Electricidad.

“Hubo el equivalente a un apagón total el verano pasado en Polonia. Y créanme que nadie quería compartir la responsabilidad de lo que sucedió en términos económicos y sociales. Tuvimos que enfrentar estas dificultades solos”, dijo Burny.

“A pesar de que hemos reducido la porción de carbón y lignito en nuestro consumo en un 20% en los últimos años, la mayor parte de nuestra capacidad todavía depende de estos recursos”, declaró Burny.

Polonia, al igual que otros países europeos que aún dependen en gran medida de los combustibles fósiles, está preocupada por otra disposición en el paquete de energía limpia, que evitaría que las plantas que emiten más de 550 gramos de CO2 por kWh participen en esos mecanismos de capacidad.

Ahora la pelota está en el tejado del trílogo. ¿Qué pesará más, la posición de la Comisión o las tesis de países como Polonia o Alemania que no pueden prescindir del carbón así como así? ¿Se impondrá el límite de los 550 gramos? ¿Tendrán futuro los ciclos combinados? ¿habrá una decisión mixta que contente a todos? En los próximos meses, la respuesta final. De momento, este es el gran debate energético en la Unión Europea.

Fuente: elperiodicodelaenergia