La ‘sorprendente’ caída de un 20% del precio del CO2 cuando estaba a punto de ser intervenido por Bruselas

El mercado de derechos de emisiones lleva ya funcionando varios años. Pero no ha sido hasta este 2018 cuando se le ha dado importancia. El precio del CO2 ha comenzado a afectar a todo, pero donde más, al mercado de la electricidad. La Unión Europea se inventó este mercado para tratar de dar señales de que el camino de la contaminación no era el correcto. Las intenciones eran las mejores pero, y ¿su funcionamiento?

En los últimos 12 meses, el precio del CO2 a pasado de 5 euros por tonelada, algo insignificante para las empresas energéticas y grandes industrias, a más de 25 euros por tonelada. Se ha llegado a multiplicar por 5. O casi. Llevamos meses avisando de la carrera fulgurante del CO2 en el mercado EUA. “Oye, que esto no para de subir”, le decía a varios analistas. “Fíjate Ramón en el precio de la electricidad y sobre todo en los futuros, la gráfica es muy parecida”, me decían hace meses. Fue entonces cuando comencé a prestarle atención.

Hasta ahora, el CO2 era un total desconocido, pero se ha convertido en el verdadero protagonista energético del 2018. Es igual lo que suceda. No habrá algo igual, tan extraordinario (fuera de lo normal) que haya llamado tanto la atención para todo el sector. Ha destrozado todas las previsiones habidas y por haber y se ha movido mucho dinero en toda Europa con el maldito CO2.

¿Cómo puede ser que un mercado como el del CO2, supuestamente controlado por la compraventa de derechos de emisiones, haya tenido tanta volatilidad y se haya disparado tanto en el precio? Complicada respuesta. Pero cuando sucede esto en cualquier tipo de mercado, ya sea vivienda, la Bolsa, o el petróleo, estaríamos hablando de burbuja. Y ahí normalmente suele salir una palabra que gusta a muchos y que otros tantos detestan: los especuladores.

Sí. La especulación se ha adueñado del mercado de derechos de emisiones. Este jueves, el precio del CO2 se ha desplomado más de un 20% para cerrar en los 18,90 euros por tonelada. Hace dos días alcanzó los 25,50. Ha regresado a precios de agosto en un plis plas. ¿Es esto normal? No. Algo pasa.

El analista Javier Colón, de la consultora Neuro Energía explica así lo sucedido. “Desde hace varios meses, el mercado de derechos de emisión está sometido a una presión especuladora evidente, con actores que adelantan el aumento de precio perseguido por la Unión Europea a niveles tales que podrían provocar incluso la activación, si Bruselas así lo considerase, de un artículo recogido en la Directiva correspondiente del año 2009 por el cual, en caso de que durante seis meses se triplique el precio medio de los dos años anteriores, un Comité creado al efecto pudiera decidir si introducir más derechos a subasta en caso de que el aumento no responda a fundamentales”.

Léanlo otra vez. Sí, la Unión Europea tenía previsto intervenir el mercado porque se debía estar rozando, si no se había superado, el límite de que se triplique el precio del CO2 sin ningún fundamento, tal y como ha sucedido. Y justo desde que se tocaron los máximos de 25,50 euros por tonelada, de repente han entrado las prisas y el precio se ha caído un 26%. ¿Se imaginan si eso sucede en el petróleo? ¿O en Wall Street? No lo quiero imaginar.

Algo ha sucedido y las instituciones europeas deberían investigarlo. ¿Por qué? Porque está empobreciendo a toda Europa. La subida del precio del CO2 afecta directamente al precio de la electricidad y por tanto a las facturas de la luz de todos los ciudadanos europeos. No solo los españoles. Pero eso no es todo. Afecta directamente a la industria y por tanto a miles de trabajadores que por falta de competitividad pueden ver sus puestos de trabajo en peligro.

“Cabría reflexionar sobre si los negativos efectos que el alto coste de los derechos de emisión de CO2 pueden provocar (y están provocando sobre nuestra economía), tanto lastrando la competitividad industrial, de forma directa por la parte de derechos que ciertas industrias deban adquirir y de forma indirecta por la elevación del precio de la electricidad y otras commodities, compensan los positivos”, afirma Colón.

Y es que el peor efecto que puede producir esta especulación del CO2 es provocar una indeseable deslocalización u obligar a las industrias a subir los precios de sus productos y por tanto a perder competitividad respecto a otros mercados como EEUU, Asia o Latinoamérica.

Pero, además de su efecto sobre la industria, el CO2 incide sobre el precio de la electricidad que de una forma instantánea (en caso de la tarifa regulada o precios indexados) o futura (en caso de los precios fijos que se determinan a partir de mercados de derivados al alza) se traslada a nuestras facturas de la luz.

¿Merece la pena pagar tanto los consumidores por esto? ¿El precio del CO2 es real o está inflado? La solución no es fácil, pero ya han saltado las alarmas en Bruselas, en Berlín, en París, en todos los países. Sigue siendo intención de Bruselas incentivar, mediante una elevación indirecta del coste de los derechos de emisión de CO2 limitando los derechos subastados, lograr una transición energética que priorice la generación mediante gas en detrimento del carbón (más contaminante) y el aumento de capacidad de producción renovable.

Para el analista del mercado, Javier Colón, “cabría pensar, en todo caso, si las medidas que se quieren tomar para reducir los derechos de emisión en circulación a partir del próximo año, con el fin de elevar su cotización y acelerar la transición, inciden perjudicialmente en nuestra economía sin que puedan lograr, por sí mismas, los objetivos perseguidos”.

Y es que el analista cree que ya no hace falta tanto mercado del CO2 como se preveía antes. Ahora hay tecnologías de energías renovables que por sí mismas ya son más baratas y podrían desplazar al carbón hacia su extinción.

” Se les puede ofrecer un marco previsible y una visibilidad de ingresos que les permitan movilizar el capital necesario, incentivando la inversión en las mismas, incentivos a la inversión o a la disponibilidad, que también pueden ser utilizados para priorizar el gas en detrimento del carbón, como ya se está discutiendo también en Bruselas en las negociaciones sobre los mecanismos de capacidad”.

En definitiva, el precio del CO2 ha dado mucho que hablar y lo seguirá haciendo en los próximos meses. La solución no parece fácil pero nunca es tarde si la dicha es buena. Es decir, si el CO2 deja de emitirse será bueno para todos. Dejen de hacer negocio con él, aunque sean sus últimos coletazos.

Fuente: elperiodicodelaenergia