Efecto Rebote

Javier Sánchez

El consumo sostenible es un tema que preocupa cada vez más a la ciudadanía, y por ello, es impulsado por los gobiernos a través de la política medioambiental. Muchos políticos promueven políticas de eficiencia energética para lograr reducir el consumo de energía y las emisiones de gases de efecto invernadero, y mitigar, por tanto, los efectos del cambio climático.

Las mejoras en eficiencia energética, sin embargo, no siempre se traducen en un ahorro energético. Existe un amplio acuerdo en señalar que las ganancias en eficiencia energética implican una reducción en su coste unitario que termina provocando un aumento del consumo.
Este efecto es conocido como “efecto rebote”, y se han identificado tres variantes: directo, indirecto y el efecto global sobre la economía.

El “efecto rebote directo” hace referencia al hecho de que el abaratamiento producido por la mejora de la eficiencia energética en un determinado uso específico, se traduce en un aumento en la renta real de los consumidores que provoca un incremento de la demanda de ese servicio específico, reduciendo por tanto los ahorros de energía esperados. El “efecto rebote indirecto” que implica que el incremento de renta real lleve a un incremento de la demanda de otros bienes, servicios y producción que también necesitan energía para su disposición. Y por último, “el efecto global sobre la economía” hace referencia a que la mejora de la eficiencia energética en un determinado uso específico, reduce el precio de bienes intermedios y finales, y causa como consecuencia un ajuste de precios y cantidades que beneficia a los sectores intensivos en el uso de la energía en detrimento de aquellos sectores con un uso intensivo de la energía menor. Todo ello termina impulsando el crecimiento económico y provocando por tanto un mayor consumo energético.

Como resultado de lo anterior, se considera que será necesario complementar las políticas medioambientales que impulsan el consumo sostenible, con políticas fiscales que consigan compensar el “efecto rebote” para poder alcanzar los beneficios potenciales derivados de las mejoras en eficiencia energética.